Un sueño que nació del inconformismo
En 2014, Elena Martínez dejó su puesto en una multinacional textil con una idea clara: crear una marca donde la calidad y la ética no fueran incompatibles. Con ahorros personales y un pequeño local en el barrio de Malasaña, nació Raggi de Sol.
El nombre surgió durante un viaje a Italia, donde Elena observó cómo los rayos del sol mediterráneo transformaban los colores de los tejidos tradicionales. Esa luz cálida, esos tonos tierra y arena, se convirtieron en la esencia de nuestra paleta cromática.
Los primeros años fueron de aprendizaje intenso. Visitamos decenas de talleres en Portugal, Italia y el norte de España hasta encontrar artesanos que compartieran nuestra visión. Hoy, muchos de ellos siguen siendo nuestros colaboradores principales.